NUESTRA VISION SOBRE LA DESHUMANIZACION DE LA MEDICINA

Fecha: 
Miércoles, Febrero 3, 2016

La Ciencia Médica, en nuestro país, ha gozado de un alto prestigio y sus logros se reciben con beneplácito y expectativa por parte de los ciudadanos en general. A pesar de ello es preciso decir que los avances en los conocimientos clínicos y las tecnologías aplicadas en Medicina se deben más a los científicos e investigadores que a los médicos. El mérito de los médicos, por otro lado, es que saben aplicar diestramente, en beneficio individual de las personas, los conocimientos derivados de la investigación científica y tecnológica en el día a día de su ejercicio profesional.
Pero por las condiciones propias de nuestro actual Sistema Nacional de Salud, donde prevalece el aseguramiento privado con afán de lucro como su objetivo primordial, con una medicina curativa y medicalizada, sobre el objetivo social e hipocrático del beneficio de las personas, especialmente de las más vulnerables, la sociedad actual manifiesta su inconformidad cada vez en forma más frecuente, con desafortunada agresividad, contra la medicina y especialmente contra los médicos.
Las principales críticas se centran en una alegada deshumanización de la práctica profesional, en la falta de oportunidad y equidad en el acceso de la población al proceso de atención médica, en los crecientes costos de la medicina y de los medicamentos y en una percepción de mercantilismo que pareciera haber invadido al ejercicio profesional médico . El sentido de la palabra “deshumanización” pretende referirse a la perdida relativa de un conjunto de atributos o virtudes deseables en el medico que presta la atención en salud en su práctica diaria.
Muchas veces la medicina es legítimamente analizada desde fuera. La sociedad tiene, ciertamente, todo el derecho a examinarla desde su propia perspectiva y de sus intereses; pero, como cualquier otra perspectiva, al igual que la de los médicos, puede ser una visión parcial.
Sin embargo, la crítica social a la medicina proviene frecuentemente de personas que no la conocen o que en algunos casos, como lo percibimos de nuestro Ingeniero Gaviria Ministro de Salud, no le tienen estimación al gremio médico, o en otros de quienes inclusive siendo médicos, no han tenido contacto directo con el paciente, su entorno y sus necesidades; ejerciendo como burócratas al servicio del patrón corporativo antes que al objetivo de la medicina como es el ser humano y su bienestar.
Hasta hace unos años la responsabilidad del proceso de la atención en salud de la población era casi exclusiva de los médicos ejerciendo su autonomía profesional y se resolvía en la mayoría de los casos en forma rápida y eficiente en la relación directa de los pacientes con el profesional, ya que no existía la intermediación financiera ni las EPS que tienen de todo menos ser Empresas Promotoras de Salud.
Actualmente la situación es muy diferente. Han aparecido otros actores: empresarios, economistas, administradores y una serie de intermediarios que solo buscan crear barreras en el proceso de atención y que se han convertido en sujetos decisivos en la organización y especialmente en los procedimientos para la gestión de la atención de salud de los llamados usuarios, de tal manera, que los médicos han visto restringida su responsabilidad, su autonomía, su ejercicio profesional y en fin se han convertido en funcionarios de instituciones públicas o privadas que son las que organizan y manejan la atención de salud y están sometidos, por supuesto a sus reglas y restricciones porque unas y otras tiene afán de lucro o de rentabilidad financiera.
Otro tema vital en este contexto es con respecto a las Escuelas de Medicina o Facultades de Salud; se dice, con razón, que les cabe una cuota de responsabilidad en lo que está ocurriendo con la conducta profesional y la atención en salud de la población con el argumento que son ellas las que forman y educan a los médicos a su paso por la Universidad.
Las Escuelas de Medicina no son entes abstractos, están colocadas dentro de la sociedad de tal manera, que no pueden ser ajenas a los fenómenos sociales, políticos e ideológicos que ocurren en la comunidad y de alguna forma reflejan las filosofías sociales y económicas que esas comunidades profesan y los valores que prevalecen en ellas.
A nuestro juicio, las Escuelas de Medicina tienen una ineludible responsabilidad como guías superiores en la formación de los médicos y de la organización de la atención en salud, así como en la orientación de los cambios que son necesarios para superar las críticas que se formulan a la Medicina y a la Salud Publica. La calidad y pertinencia de la educación que las Escuelas entregan a los estudiantes, especialmente respecto a los valores, hábitos, actitudes y conductas profesionales han de reflejarse en una forma muy sensible en la manera como se ejerce y organiza nuestra medicina en el país.
Frente a la crítica social a la medicina y la educación médica, entre la cual la deshumanización de la práctica profesional ocupa una de las primeras posiciones, parece del todo indispensable revisar sus bases, la formación médica y el modo de ejercer la medicina, tratando de identificar la raíz de sus problemas actuales. Este análisis nos debe llevar con mayor claridad a una reforma sobre contenidos curriculares y estrategias educacionales para procurar una formación del médico más adecuada, así como sobre los modos de organizar la atención en salud en forma equitativa y eficiente.
La gran ventaja que tenemos los médicos es nuestra capacidad de examinar la medicina a la luz de las vivencias que día a día y a lo largo de mucho tiempo hemos experimentado con ella en diversos escenarios, en la relación diaria y directa con los pacientes y con la enfermedad y en la reflexión sobre sus fundamentos, es decir, mirándola desde su interior.
Como conclusión podemos decir que los médicos como miembros relevantes de la sociedad y las Escuelas de Medicina como entes formadores, no pueden eludir la cuota de responsabilidad que, por acción o por omisión, les corresponde en la situación actual de la atención médica, en la salud y particularmente respecto a la conducta profesional pues definitivamente tanto la responsabilidad de las Facultades en la formación profesional como la pertenencia de los egresados con su alma mater deben ser vitalicias.

CESAR AUGUSTO PRIETO AVILA
PRESIDENTE COLEGIO MEDICO DEL VALLE DEL CAUCA
VICEPRESIDENTE FEDERACION MEDICA COLOMBIANA