LA ETICA PASÓ DE MODA?

Fecha: 
Martes, Marzo 15, 2016

Desde hace algunos años se habla en Colombia de la “falta de Ética” de entidades y personas, que hizo carrera y que se consideró hasta “normal”  por costumbre y por la permanente persistencia del término en medios de comunicación y en reuniones y  tertulias en todos los estratos sociales.

Las clases menos favorecidas, “los pobres” como se les dice peyorativamente, se considera como que “naturalmente no tengan ética”;  mucho se ha estudiado sobre el tema, muchas soluciones se han planteado sin mayor efecto o mayor compromiso estatal o de entidades educativas o de cualquier clase que deben participar en definir este tema.

Llego la hora en Colombia de dejar de estudiar tanto a los pobres para empezar a  entender a los ricos, para tratar de dilucidar qué está pasando con la Ética en nuestro país. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tradicionalmente se dijo que los políticos y los empleados públicos per se “están muy tentados”  a no cumplir las normas éticas en su actividad y en su desempeño ante la sociedad, eso es lo que se ha venido sosteniendo en nuestros medios de comunicación nacionales  y como consecuencia de esas prácticas estamos llegando a la  hecatombe de una crisis profunda en casi todas las grandes entidades nacionales públicas o privadas. Como caballeros andantes en defensa de la moral y las buenas costumbres los neoliberales, incrustados en el legislativo y el ejecutivo, arrasaron con todas las entidades públicas tanto nacionales como regionales en los últimos años y entregaron el país y sus instituciones, los servicios públicos incluida la salud, al capital privado y a “los ricos” porque, se suponía por lo menos, eran un dechado de honradez, buenas intenciones y ética absoluta.

Pero Colombia se enfrenta actualmente a una realidad dramática: el sector más privilegiado de una sociedad inequitativa y excluyente, comete cada día más delitos de progresiva  gravedad sin saber cuándo tocaremos fondo o cuando terminaran sus enfrentamientos, insultos y acusaciones sobre quien es más antiético, llevando al país a un proceso en el cual la institucionalidad está siendo vulnerada sin saber hasta dónde vamos a llegar.

Ha existido en los últimos años una grave crisis de valores, integrantes de familias muy reconocidas, y otras no tanto, con poder económico, social y político se dedicaron a practicar la corrupción, el robo descarado, el tráfico de influencias, el peculado por apropiación, con millones y hasta billones de pesos de por medio por parte  de aquellos que se han llamado “gente bien” para diferenciarla del resto de nuestros ciudadanos. Los carruseles de la contratación, la entrega de los recursos del estado por favores políticos, las chuzadas contra los opositores, los falsos positivos, el contrabando, la evasión fiscal, etc.

¿Qué les pasó a todos estos colombianos que han gozado siempre de grandes privilegios, de todas las oportunidades que muy pocos tienen en este país, estudios en los mejores centros nacionales y en el exterior, para que perdieran el norte?

 

 

 

 

 

Lo primero que tenemos que considerar  es que la educación que se está entregando en Colombia en el hogar o no solo en los niveles básicos sino inclusive en la educación superior, adolece de tremendas fallas en contenidos y en metas que no se logran, en terribles deficiencias en el personal docente, en la pertinencia de los actores y en la falta en la estructuración de una política educativa nacional en la que intervengan todos los actores para darle un vuelco total a una estructura actual totalmente fracasada.

Colombia infortunadamente, más que cualquier otro país del continente,  ha pasado por  las peores situaciones que han sido creadas por la mano del hombre: la cultura del narcotráfico, la narcoguerrilla camuflada con intenciones de justicia social y bienestar de la población, el despojo de la tierra a los campesinos, la discriminación de todo tipo, etc., lo que ha llevado a las nuevas generaciones a buscar el dinero fácil, la ley del menor esfuerzo y a practicar lo del fin justifica los medios, practicado por los últimos gobiernos.

La causa básica fundamental de todo este panorama, es la permanente situación de inequidad de una sociedad excluyente, discriminadora, superficial, con una absoluta y deprimente falta de solidaridad donde las vejaciones de género, el irrespeto a personas mayores y niños, a la población más vulnerable, se convirtió en parte del paisaje que no conmueve a nadie,  ya solo se comentan los escándalos mediáticos de cada día de los noticieros privados nacionales en busca de “rating”, sin profundizar en la causa de las situaciones que todos los días sacuden nuestra cotidianidad y no ofrecen alternativas, no aportan nada, hacen juicios de valor y no respetan vida privada, familia o la honra de las personas en un torbellino que nadie sabe cómo o donde va a terminar sin mostrar, nuevamente, ni nociones de ética personal o corporativa.

El grave estado social descrito es una de las razones para el surgimiento de una nueva propuesta, ahora que hablamos de construir un nuevo país en el posconflicto, que se ha denominado Ética ciudadana o Ética civil, la cual es una opción abierta de solidaridad porque se acepta mediante el libre compromiso personal y de tomar conciencia de que a todos nos conviene seguir viviendo juntos en paz y  equidad.

Esa Ética civil tiene cuatro componentes que es importante conocer: es secular, es pluralista, es democrática y es justa.

Es secular porque acepta las leyes de funcionamiento la sociedad y no se basa en esquemas o estructuras religiosas. Es pluralista y tolerante para que en ella tengan cabida las diferentes líneas de pensamiento para que aporten sus planteamientos positivos. Es democrática por cuanto se debe ir construyendo dentro de un proceso histórico mediante el debate en el cual la comunidad asuma su responsabilidad frente al poder y determine sus propios proyectos, en función de sus propias metas. Es justa porque se debe basar en la justicia social que es la que garantiza la dignidad para todos, dentro de la equidad en derechos y oportunidades y en la que no puede haber excluidos de la sociedad.

El objetivo debe ser alcanzar el encuentro y el entendimiento en torno a elementos comunes en medio de las diferencias y lo que debe hacer esto posible es asumir nuestra realidad fundamental de ser seres humanos pensantes para recuperar principios y valores que son eternos y deben ser inmutables.

CESAR AUGUSTO PRIETO AVILA

PRESIDENTE COLEGIO MEDICO DEL VALLE DEL CAUCA

VICEPRESIDENTE FEDERACION MEDICA COLOMBIANA