REFLEXIONES SOBRE LA FORMACION DEL MEDICO

Fecha: 
Lunes, Abril 25, 2016

Empecemos por recordar que hasta hace unas décadas, la formación profesional del médico en las escuelas de medicina tenía su conclusión al otorgar el titulo como profesional ya que le entregaba al estudiante todos los conocimientos y destrezas necesarios de que disponía la Medicina, para que el egresado se incorporara directa y definitivamente a su ejercicio profesional y no existía otro tipo posterior de entrenamiento formal.

En nuestro país esta formación ha cambiado, especialmente con la reforma del Sistema Nacional de Salud de 1993 (Ley 100): La educación formal del médico comprende ahora, como sabemos, dos o más etapas: el pregrado y las especialidades y subespecialidades. Con el predominio de la medicina curativa, el pregrado se ha convertido en una etapa inicial, destinada a dar al estudiante los conocimientos y las destrezas básicas para que complete posteriormente su formación profesional siguiendo el modelo de la medicina norteamericana de lo que se ha llamado “formación profesional general del médico”. El pregrado entonces está formando médicos que, en teoría, deberían aprender los elementos fundamentales de las diversas disciplinas científicas que le son necesarias para el ejercicio profesional, pero con la mira de una posterior, casi obligatoria, dedicación mínima de 3 años a su entrenamiento, en una de las disciplinas médicas para lograr una especialización y 2 ó 3 años más para una subespecialización, que de pronto le colme algunas de sus expectativas personales pero que para el Sistema de Salud y para el país, ha llevado a la situación actual: médicos generales sin poder de resolución, mal remunerados y hasta insatisfechos y con sentimientos  de frustración por no poder acceder a los pocos cupos para posgrados y, como una paradoja, a una grave escasez de Especialistas en las cuatro disciplinas básicas especialmente en las no quirúrgicas: Medicina Interna y Pediatría,  para cubrir las necesidades del país en todo su territorio.

Estas reformas curriculares que han venido aplicando las escuelas de medicina han cambiado los propósitos y objetivos educacionales en el pregrado sin guardar mayor relación y coherencia con los saberes en que se fundamenta la Medicina, así como los roles y las virtudes médicas que siempre existieron. Lo que se requiere, a la luz de la Ley 1751 de 2015 (Ley Estatutaria de Salud),  es capacitar al profesional médico fundamentalmente para promover la salud, prevenir la enfermedad y resolver oportunamente los problemas de salud y contribuir, como agente de cambio, a la educación individual, de la familia y de la comunidad dentro de la cual habita, de una manera que responda a su cultura, intereses y expectativas. 

Para esto se requiere, primero, que el estudiante adquiera una sólida formación clínica orientada a la toma de decisiones, de modo que posea habilidades y destrezas que le permitan plantear un diagnóstico y planificar reflexivamente el estudio del paciente empezando por una historia clínica pertinente, un examen físico basado en la semiología, no en la tecnología en forma inapropiada, estudios complementarios adecuados para tratar adecuadamente a su paciente. El objetivo es  adquirir total dominio sobre el primer pilar de la Medicina: El Arte Clínico.

En segundo lugar, incentivar en el estudiante actitudes y conductas coherentes con los valores éticos de la Medicina, respeto a la vida y a la dignidad de las personas en general y de  los pacientes en particular, el espíritu de servicio y el sentido de responsabilidad individual y colectiva y de solidaridad, el trabajo cooperativo con otros profesionales, técnicos y auxiliares de la salud y  de la comprensión del rol y de las responsabilidades que le corresponden. El desarrollo limitado en el estudiante de estas actitudes y conductas ha sido la mayor debilidad de la educación médica actual en nuestro país. En tercer lugar proporcionarle una formación científica básica actualizada en ciencias biológicas, psicológicas y sociales, orientadas hacia el ejercicio de la medicina, de modo que el estudiante utilice un enfoque bio-psico-social al integrar esas disciplinas a su actividad médica.Y, en cuarto lugar y no menos importante, fomentar en el alumno el hábito del estudio y el aprendizaje activo y contribuir al desarrollo de su capacidad de análisis y juicio crítico, su espíritu de investigación y, en general, su creatividad; técnicas para adquirir destrezas de naturaleza instrumental para fines de recolección y procesamiento de información relevante y de auto-aprendizaje permanente.

No nos cabe duda que se requiere una detenida mirada al interior de las escuelas de medicina y de sus planes de estudio actuales. El tema no es fácil y, como el propio ejercicio de la medicina, está lleno de incertidumbre y de riesgos; pero lo que tampoco nos genera titubeo es que con la Ley Estatutaria de Salud en plena vigencia, es necesaria una reforma profunda para flexibilizar el currículo, buscar una mejor integración de los diversos componentes de la enseñanza y poner énfasis en los temas que son de crucial importancia para una buena e integral formación del médico. Sobre todo es necesaria una renovación radical del sentido ético de la profesión si es que la Medicina persiste en la búsqueda de mantener el prestigio y el respeto de la sociedad y cumplir con fidelidad sus objetivos humanos y sociales. 

Por eso hemos insistido tanto en recordar a las escuelas de medicina que su labor no es solo preparar un médico como un producto terminado en una fábrica, sino que su responsabilidad se  extiende en el tiempo, para ello debe dotar al estudiante de los conocimientos básicos para incorporarse en forma idónea y responsable a la práctica profesional en un nivel de baja complejidad pero, además, capacitarlo para que continúe con el auto-aprendizaje y, eventualmente no como fin, estar en capacidad de ingresar a programas de formación especializada por convicción y  por vocación consciente, no por necesidades del mercado o por la remuneración más alta. Las escuelas de medicina se constituyen en el alma mater de cada médico y como tal su papel es a perpetuidad en el acompañamiento, en el reforzamiento de principios y conocimientos, en orientación y facilitar la actualización, en la educación médica continuada y en el apoyo para que el medico siga teniendo el afecto y respeto por su Escuela y Esta tenga el orgullo de continuar entregando al país profesionales idóneos, probos y cada vez más comprometidos.

El SER viene de cuna, el SABER se adquiere con el estudio y las experiencias, pero el DEBER SER es el objetivo fundamental de la formación profesional del Medico.

 

CESAR AUGUSTO PRIETO AVILA

PRESIDENTE COLEGIO MEDICO DEL VALLE DEL CAUCA

VICEPRESIDENTE FEDERACION MEDICA COLOMBIANA