REMUNERACION JUSTA Y DIGNIDAD MÉDICA

Fecha: 
Viernes, Mayo 20, 2016

Ley 1751 de 2015 (Ley Estatutaria de Salud): “Articulo 18.Respeto a la dignidad de los profesionales y trabajadores de la salud.  Los trabajadores, y en general el talento humano en salud, estarán amparados por condiciones laborales justas y dignas, con estabilidad y facilidades para incrementar sus conocimientos, de acuerdo con las necesidades institucionales”.

 

Una de las mayores transformaciones ocurrida en nuestro país en los últimos 50 años es la del status personal, familiar y profesional del médico por muy diferentes razones, pero especialmente por la abrupta socialización de nuestra profesión en 1948 y luego por la reforma al sistema nacional de salud impuesto por la Ley 100 de 1993. Inicialmente la Medicina era una profesión liberal que se ejercía en forma privada y la única actuación de los médicos en el campo laboral era participando del proceso de atención de los servicios médicos en los hospitales públicos, la mayoría de veces sin remuneración, como parte de la actividad de su profesión de carácter eminentemente social.

 

Con la reforma al Sistema  de Salud (Ley 100 de 1993)  se precipita la situación laboral del médico en la forma más dramática hasta el punto en que se encuentra hoy,  en su estado de deterioro, por una mezcla explosiva entre medicina, política y economía.

Analicemos, por razones de espacio, rápidamente algunas las causas de la situación actual:

 

  • La reducción gradual de la influencia de los médicos en su papel dentro de la sociedad que progresivamente ha sido subestimado por los gobiernos de turno, desde el propio Ministerio de Salud, hasta el punto de no haber tenido en cuenta sus intereses tanto en la construcción de Ley 100/93 como en los demás decretos reglamentarios para su reforma.
  • La falta de liderazgo y preparación administrativa de los médicos con lo cual se facilitó que personas, poco representativas del gremio que en muchos casos eran médicos que se dedicaron por defecto y sin mayor preparación a servir como administradores y con casi ningún sentido solidario pero con algo de revanchismo con sus colegas especialistas.
  •  
  • La aparición de las empresas de medicina prepagada que comenzaron a ofrecer servicios a la clase media y alta con un pretendido aumento de coberturas pero que en realidad se usaron para rebajar costos de la atención médica para su beneficio empresarial, fijando tarifas de los procedimientos, que comenzaron el recorte de ingresos de los médicos en forma sustancial y sirvió de plataforma para los abusos de las EPS privadas
  • La campaña persistente de los medios de comunicación para obtener pírricas ganancias con una información tergiversada, por un lado favoreciendo las medicinas alternativas para propagandas masivas y por el otro exagerando los errores médicos y tildando cualquier problema como negligencia médica, responsabilizando a los médicos por los problemas de salud de la comunidad.
  • La influencia de la sociedad de consumo que considera a la salud como un servicio que se puede comprar a través de las instituciones de salud privadas, las EPS.
  • La explosión de facultades de medicina con reformas curriculares que producen profesionales  de dudosa calidad para producir mano de obra barata saturando el mercado. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estas y otras razones unidas a los cambios económicos y sociales colocaron a la profesión médica, de una manera casi irreversible, en un mercado con su propio sistema de precios y tarifas en el cual se asignan los recursos, se fijan los precios de bienes y servicios, incluyendo el trabajo de los médicos que se han convertido en un grupo más del mercado social.

Ante esta situación, en el campo de la prestación de los servicios médicos, el gobierno no ha tenido el manejo de la salud, que se regula por el derecho privado con las EPS e IPS creadas por los grandes capitales y ha sido permanentemente solo un observador en el campo laboral del personal de salud; aparecen toda clase de tipos de contratación como son: pago por servicios prestados con o sin concertación de precios de acuerdo al fenómeno de demanda y oferta pero siempre en detrimento de los ingresos médicos por contención de costos empresariales de los empleadores; pago por capitación para atender grupos de personas o familias cuyo riesgo lo asume el médico, es poco rentable para los especialistas y tiene mayor aplicación en el nivel I de atención por médicos generales; contratos leoninos; pago por salario y nombramiento por término indefinido el cual, teóricamente, debería ser el de mayor volumen para cargos misionales de las entidades de salud pero que no lo aplican porque se considera costoso para las empresas en términos de prestaciones sociales. Los médicos con todos los deberes pero sin ningún derecho.

La mayor parte de las economías familiares, incluidas las de los médicos, dependen del salario: el mercado del trabajo determina el nivel salarial de las personas en los diferentes campos de actividad pero, no es que nos creamos más que el resto de los mortales, pero el médico debe tener, mínimo, lo que se llama una “diferencia compensatoria”, entre otras cosas primero, por la gran inversión que representa estudiar medicina, medida en tiempo, en costo, en ausencia de salario en los años de formación, segundo,  la diferencia en la calidad de trabajo: si bien todos tenemos los mismos derechos ante la ley, quienes han invertido más años, más dedicación, más sacrificio y más dinero en su formación, trabajando en ocasiones excesivamente, sometido a riesgos específicos en la formación misma, terminan desempeñando labores muy especializadas que deben ser remuneradas en forma diferente, y tercero, el prestigio, la posición intelectual y académica, la superespecializacion en áreas concretas, hacen que su labor sea altamente calificada y efectuada por muy pocos colegas y, además que su dedicación sea exclusiva en ese campo ya que no puede cambiar de actividad; todas estas razones hacen que se deba exigir una mejor remuneración. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mientras cualquier gerente de una empresa mediana o pequeña recibe un salario de 4 a 5 mil dólares, uno de una empresa grande puede llegar hasta los 10 mil, el medico en promedio en las instituciones de salud difícilmente está entre mil y dos mil dólares y la forma de ganarlo es muy complicada, pero el público en general, continua con la convicción de que los médicos nos enriquecemos a costa del sistema de salud. 

 

No se puede vender al público una imagen distorsionada de un grupo profesional que, en su mayoría, ha venido trabajando por el país con dedicación y altruismo. Y mucho menos puede tolerarse que, aprovechando la crisis que vive la medicina colombiana, de la cual los médicos somos igualmente víctimas, se continúe rebajando el producto del trabajo profesional, para mostrar a las empresas privadas EPS e IPS como las depositarias de la defensa del público, cuando son precisamente esas entidades las que perciben los ingresos y ganancias de la venta de servicios de salud que se ha convertido en el negocio de la enfermedad con enormes ganancias para ellas.

 

El llamado es a la UNIDAD DE ACCION sin importar creencias o ideologías individuales y retomar el liderazgo de cada uno en su comunidad para participar del real manejo de lo poco que queda en pie luego del despojo al que hemos sido sometidos y en férrea defensa de la Ley Estatutaria de salud.

CESAR AUGUSTO PRIETO AVILA

PRESIDENTE COLEGIO MEDICO DEL VALE DEL CAUCA

 

VICEPRESIDENTE FEDERACION MEDICA COLOMBIANA