Víctimas de minas y su tratamiento

DISCRIMINACION EN EL MANEJO DE PACIENTES:

"En el país donde algunos políticos se atribuyen los triunfos de universalidad, racionalidad y sostenimiento en el sistema; la periferia es un excelente ejemplo del abandono del Estado, la atención obsoleta y la plaga de medidas precarias. En este ultimo sentido, por ejemplo, aún si el cuerpo medico determina la realización de una intervención en una región periférica - resulta sorprendente como, con la simple voz de un administrador a cargo, todo el plan de intervención se desploma. Si, es muy obsoleto."

En simple leída, puede interpretarse que el problema radica en la diferenciación del manejo por minas antipersona - pero el cuestionamiento es mucha más complejo que esto. Aquí el contexto:

"Carmen Julia Gallego y Luis Eduardo Cuartas tienen en común que son víctimas de las minas antipersonal. La recuperación y atención de ambos no fue ni siquiera parecida pues civiles y militares tienen caminos diferentes.

La fundación Prolongar y el Centro de Memoria Histórica adelantan un informe sobre las vivencias e historias de las víctimas de minas antipersonal y munición sin explotar en las regiones más afectadas por este flagelo en el país, y sus investigadores coinciden en que los integrantes de la Fuerza Publica tienen una recuperación diferente a los civiles. No solo por ser el 60 % del total de las víctimas, también porque para militares y policías hay una estructura más solida para llevar el proceso de recuperación.

Sobre la atención, la investigadora afirma que “Se entiende, el 60 % de las víctimas son de la Fuerza Pública, y efectivamente tienen ya una infraestructura montada. Se sabe más cómo es el proceso de rehabilitación, las prótesis que sí funcionan y las que no, los materiales, la atención sicosocial es muy completa, y además se vive en colectivo. Es decir los soldados no atraviesan esto solos, casi siempre están acompañados de compañeros que han sufrido afectaciones similares o peores y eso los llena de moral para recuperarse”.

En contraste, agrega, las víctimas civiles y sus familiares viven esto en completa y absoluta soledad, con una estructura estatal mínima. “Más del 98 % de las afectaciones por minas ocurren en las zonas rurales, en las áreas más apartadas del país, entonces desde el momento del rescate, hasta el de la atención prehospitalaria, rehabilitación, etc, cuentan con un Estado que es muy precario, con un sistema de salud obsoleto y unos funcionarios que no reconocen las victimizaciones”, añade.

Pero la atención de los civiles se supone que no esta abandonada - el gobierno nacional tiene dispuesto pasos de reconocimiento e intervención a estas víctimas. La discriminación viene, entonces, en la aplicación de esta infraestructura.

Entonces, son dos los frentes a cuestionar. Por un lado, llama la atención la descripción del estado cuando la persona se encuentra en la periferia. En el país donde algunos políticos se atribuyen los triunfos de universalidad, racionalidad y sostenimiento en el sistema; la periferia es un excelente ejemplo del abandono del Estado, la atención obsoleta y la plaga de medidas precarias. En este ultimo sentido, por ejemplo, aún si el cuerpo medico determina la realización de una intervención en una región periférica - resulta sorprendente como, con la simple voz de un administrados a cargo, todo el plan de intervención se desploma.

Si, es muy obsoleto. Por otro lado, existe una clara contradicción entre lo que se dice y lo que se hace. Que haya un mecanismo estipulado donde los paciente pueden llegar a recibir sus derechos no significan que lo reciban. La implementación de la política suele ser vacía, ineficiente y desintegrada cuando se aplica "desde arriba" - es decir, cuando el poder político que se ejerce por medio de las políticas públicas no esta alineado con el poder social integrado en el cuerpo de sociedad civil donde recaen las intervenciones. Lados halando para su propio sentido, muchas veces en contradicción. El estado, en este sentido, al tener discriminación en la atención también deja en evidencia su desarticulación con la sociedad.

La discriminación en los casos de minas antipersonas no es cuestión aislada de la condición sino las práctica sistemática de nuestro sistema. Ambos sentidos del cuestionamientos presentados aplica a todas las condiciones médica - la cuestión es estar en la periferia o no. En otras palabras, debido al mi lugar de residencia y/o nacimiento (que en su mayoría nada tiene que ver con la voluntad individual de las personas), tengo el infortunio de ser discriminado, segregado y desplazado por el sistema (así no lo reconozca). En este sentido, estas personas son "muy de malas". ¿Es este un argumento satisfactorio para dejar perpetuar las injusticias?

http://m.elcolombiano.com/victimas-de-minas-y-su-tratamient