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¿LA TAL CRISIS DEL SISTEMA DE SALUD NO EXISTE?

Fecha: 
Viernes, Agosto 28, 2015

Si la situación del país no fuera tan grave, algunos comentarios de nuestros dirigentes causarían más de una sonrisa pero lo que nos producen es desasosiego y temor. Parodiando a su jefe Juan Manuel Santos cuando en forma retadora, por decir lo menos, expresó en situaciones anteriores que "el tal paro agrario no existe" el ingeniero Alejandro Gaviria se atreve a decir con total desfachatez que "la crisis del sistema de salud en Colombia no existe" como lo informó la prensa en días pasados. 

Con su cerrada mentalidad el Ministro de Salud y Protección Social no puede estar más equivocado y desfasado de la realidad nacional. No vamos en esta ocasión a analizar el tema  tantas veces demostrado de la crisis financiera de la red pública de hospitales o de la crisis del sistema de prestación de servicios de salud en general que ya lo hemos tocado hasta la saciedad sin que haya oídos sensatos a nivel gubernamental que, sin ninguna voluntad política, desconocen y retan el ordenamiento jurídico del país al ignorar el contenido de la Ley Estatutaria de Salud aprobada por el Congreso de la Republica y respaldada por la Corte Constitucional y que es, por consiguiente, de obligatorio cumplimiento, en la cual se ordena la reforma estructural del Sistema Nacional de Salud con un aseguramiento social y la desaparición del afán de lucro y la intermediación financiera ilegal de las EPS privadas.

Otra perla de nuestros gobernantes es la insistencia del gobierno en decir que no hay causas objetivas que expliquen el conflicto armado, la verdad es que el tipo de crecimiento que ha tenido la economía históricamente -la distribución desigual de sus beneficios entre distintos sectores de población- es una de las principales causas del conflicto.   

En cuanto al manejo del tema de la Salud, la mentalidad, las políticas y las actuaciones del presente gobierno nos han colocado en orillas conceptuales opuestas, no de un rio, de un océano: Pretenden cambiar los paradigmas que por muchísimos años regían las políticas públicas en el campo de la salud y que los médicos aprendimos en las aulas universitarias.

Uno de los paradigmas más importantes es que en salud resulta imposible hablar de "gasto" cuando se presentan las tablas de costos económicos en la misión de procurar para todos los habitantes del país una condición de completo bienestar físico, mental y social. Tampoco puede referirse como "gasto" cuando se trata de la defensa de la salud como un Derecho Humano fundamental, individual e integral y en el logro del nivel de salud más alto posible, lo cual debe ser un objetivo social prioritario de cualquier gobierno y en cuya búsqueda deben concurrir otros sectores sociales y económicos y no exclusivamente el sector sanitario.   

Se ignoran por completo las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, es decir los determinantes sociales de la salud, incluido, por supuesto, el sistema de salud resultado de la distribución del dinero, el poder y los recursos. Además las expresiones biológicas de la desigualdad social hacen referencia a como la población literalmente incorpora en su cuerpo y expresa biológicamente experiencias de desigualdad, desde el útero hasta la muerte produciendo desigualdades sociales en la salud en una amplia variedad de indicadores.

En lugar de hablar de gasto, en salud se debe hablar de INVERSION 

INVERSION en vida y no en muerte,

INVERSION en presente pero mucho más en futuro de la sociedad con noción de país,

INVERSION en equidad y solidaridad con los que menos tienen,

INVERSION en democracia, libertad y paz,

INVERSION en calidad de vida y en resumen, 

INVERSION EN DIGNIDAD HUMANA

Hagamos un análisis más profundo:

Colombia ha tenido el triste honor de ser el pionero en los propósitos economicistas por los resultados exitosos que, para los grandes capitales privados, han logrado con la colaboración (asociación?) de nuestros gobernantes y políticos en los últimos 20 años y que han llevado a Colombia a ser el país, con este “modelo colombiano”, en colocarse en el cuarto lugar en desigualdad en el mundo y el primero en América Latina, en llevar a la quiebra al sistema de la red pública hospitalaria y en continuar con unos indicadores en salud y justicia social en los niveles más bajos de toda su historia reciente, a llevar a la desprofesionalización de la Medicina, a la deslaborización del Médico y a la pauperización del ingreso médico a un altísimo porcentaje de colegas, con la explosión de programas de formación del recurso humano en la trasmisión del conocimiento médico, direccionado hacia sus objetivos, modificar los currículos sin bases científicas ni éticas, continuar con la profundización del modelo privatizador con empresas privadas que realizan una intermediación financiera ilegal de dineros públicos, con las barreras para limitar la autonomía médica, con el marchitamiento de la red pública hospitalaria, en fin, con el desconocimiento del derecho fundamental a la salud, universal, individual e irrenunciable para todos los ciudadanos.

Con su cerrada mentalidad el Ministro Gaviria, y el gobierno Santos, confunden los términos y actúan de acuerdo a esa confusión: Pobreza y Desigualdad no son lo mismo. Entre nuestros dirigentes economistas ha primado la visión ortodoxa neoliberal que sostiene que el crecimiento económico se encarga de resolver el problema de la pobreza y la desigualdad, visión que no ha sido exitosa en ninguna parte del mundo. Pensar que la economía colombiana es neutra en términos de paz y posconflicto y que su papel se limita a generar recursos para financiar los problemas que se derivan del cese de la confrontación armada es una gran equivocación.

No es bajando mediáticamente los niveles de pobreza y miseria a cifras de un digito como vamos a salir del estado histórico de Colombia entre los países más desiguales del mundo y que corre el riesgo de convertirse en el primero de todos, a juzgar por algunos datos recientes, un lamentable campeonato que las políticas del gobierno Santos no parece encarar de manera estructural, a juicio de los expertos. Sus voceros, por supuesto, no están de acuerdo. 

Según datos de las Naciones Unidas para 2008 con un Gini 0.58 (medida técnica de la desigualdad en la distribución del ingreso, en la que 1 es lo más alto) Colombia estaría entre los primeros del mundo detrás apenas de unos pocos países y a la par de otras naciones latinoamericanas con niveles de desarrollo mucho más bajos como Honduras o Haití; los datos publicados por Fedesarrollo afirman que según la encuesta de calidad de vida que hace el Dane, el Gini colombiano habría llegado en 2010 a 0.59 uno de los más altos, sino el más alto del planeta y quizá el más alto de América Latina, la región más desigual del mundo. Este gobierno puede que esté haciendo esfuerzos para enfrentar la pobreza, pero poco o nada se ha hecho por reducir la desigualdad. Para 2014 el Gini se colocó en 0.54. Mientras que en Suramérica la pobreza bajó 11 puntos entre 2008 y 2013 en Colombia lo hizo en menos de 8.

Pobreza y desigualdad no son lo mismo, aunque están ligadas. En Colombia la pobreza por ingresos disminuyó de 54% a algo más de 45% entre 2010 y 2014 mientras el índice de desigualdad se mantuvo estable. Estas no son cifras, son personas: 45% de pobreza son veinte millones de colombianos en situaciones deplorables. Desigualdad no es solo pobreza: Para Naciones Unidas y muchos economistas, tiene varias dimensiones, como lo describe el exdirector del DANE, Cesar Caballero: “además de la posición económica de la gente, cuentan las brechas entre las regiones, las diferencias étnicas y hasta de género, Si usted es mujer, afro, no educada, madre soltera y vive en zona rural no sé qué recomendarle” En todas estas circunstancias Colombia arrastra problemas históricos.

En la dimensión económico-social, según Jairo Nuñez de Fedesarrollo la Encuesta de Calidad de Vida registra un record que pocos países ostentan: en Colombia el 10% más rico de la población se queda con el 50% del PIB mientras el 10% más pobre apenas le caen de la mesa las migas del 0.6% del PIB y para completar el cuadro, cada uno de los afortunados en la franja de los más pobres que tienen trabajo, mantiene a seis personas en promedio, en tanto que los del tope de la pirámide sostiene solo a dos.  

En gracia de discusión aceptemos que hay una política antipobreza pero, de nuevo, no se piensa siquiera en una política de redistribución para atacar la desigualdad, no solamente con un cambio en los esquemas tributarios, no solo con el IVA que afecta a todos sino reformando aquellos impuestos progresivos que tasen la propiedad, la tierra y su uso, por ejemplo ya que la estructura tributaria no se ha utilizado como una herramienta distributiva. Otro mecanismo que pudiera ser efectivo es que si la ley de víctimas y de tierras se aprueban y se logran aplicar de manera consistente, tendría un buen efecto en la inequidad porque esa medida golpearía la punta de la pirámide ya que, hasta ahora, las elites rurales se han centrado en la avidez de la renta que es acumular y acumular sin generar valor a la sociedad.

Pretender tapar el sol con la mano o ejerciendo la política del avestruz para ignorar la situación hace que el gobierno de Juan Manuel Santos no se diferencie de ninguno de los gobiernos que hemos padecido en los últimos años, pero todavía tiene tiempo para demostrar que Colombia puede avanzar hacia un desarrollo sostenible si construye una estrategia expresa para atacar el problema de manera estructural. Con la situación actual de Colombia, es probable que a este gobierno se lo juzgue menos por si logra el fin del conflicto armado que por si se atreve, por fin, a meterle mano en serio a la enfermedad histórica nacional de la desigualdad y la pobreza, Atacar la base de la pirámide donde están los pobres entre los pobres, es apenas un aspecto del problema, Parte sustancial reside en la cúspide y con esas elites ningún gobierno se ha atrevido a actuar.

CESAR AUGUSTO PRIETO AVILA

PRESIDENTE DEL COLEGIO MEDICO DEL VALLE DEL CAUCA

 

VICEPRESIDENTE FEDERACION MEDICA COLOMBIANA