MÉDICOS INTERNOS Y RESIDENTES: TRABAJO Y CONOCIMIENTO

Fecha: 
Martes, Septiembre 1, 2015

Nada mas conveniente para eludir realidades que cambiar denominaciones; con eso se va cambiando la idea de lo existente y se construyen nuevas realidades. Y eso es lo que en Colombia ha ocurrido con el trabajo de los médicos en los hospitales: para escamotearnos el salario como reconocimiento al trabajo se hicieron cambios paulatinos pero contundentes trocando la denominación de trabajadores a estudiantes. Así, los internos pasaron a ser estudiantes de último año y los residentes estudiantes de post-grado.

Gracias a ello, los hospitales y clínicas que tienen médicos internos y residentes gozan de mano de obra gratuita desde hace mas de treinta años. Pero hay mas, pues ya, como es sabido, no solo no les pagan a esos médicos sino que les cobran por trabajar y desde hace algunos años, amparados en la denominación de estudiantes que dan a sus trabajadores médicos, se inventaron el eufemismo de “becas-crédito”. Qué sinvergüenzas. O son becas o son créditos, pero ninguna de las dos, ahora también se les dice “auxilios”. Qué situación denigrante. “Auxilios” es otra forma de desconocer el valor del trabajo. No se pueden aceptar esas denominaciones. Y mientras tanto, con los médicos generales y buena parte de los especialistas se continúa en el desconocimiento del valor del trabajo mediante todas las formas legales e ilegales posibles. Por eso existe la tercerización laboral y la degradación del título profesional.

La realidad es que los médicos internos ya han terminado sus estudios básicos y prestan un trabajo de soporte asistencial hospitalario, al tiempo que perfeccionan sus habilidades para enfrentarse luego a su vida profesional inmediata como médicos generales durante su año de servicio social obligatorio y mas adelante. Por su parte, los médicos residentes son verdaderos médicos hospitalarios en ejercicio dedicados a una actividad específica y especializada de la medicina; allí atienden a personas enfermas en sus dolencias relacionadas con el área del saber en que están profundizando, ampliando y perfeccionando sus conocimientos, y a la vez estudian intensamente para poder aplicar lo estudiado a su práctica diaria, dirigida y supervisada por especialistas que hacen parte de planes de estudio y formación dependientes de una universidad. Es la praxis, la articulación de la teoría con la práctica. Praxis que no solo aplica el conocimiento sino que también genera conocimiento, lo amplía. Y todo esto a través del trabajo. El mismo que, junto con los médicos internos y médicos de planta, da prestigio a los hospitales.

Por ese trabajo real que practicamos a diario con nuestros pacientes es que debemos luchar. Ese trabajo debe ser real y efectivamente reconocido como tal por parte del sistema y las instituciones hospitalarias, como ya lo han hecho sentencias de instancias del poder judicial en el país y lo reafirma la Ley Estatutaria de Salud.

Nuestra lucha no es por eufemismos como “becas-crédito” ni por expresiones pordioseras como “auxilios” ni por lograr contratos tercerizados denigrantes de prestación de servicios. No. Nuestra lucha debe ser por el reconocimiento al trabajo y su remuneración acorde con la complejidad y responsabilidad de cada caso.

Plata hay. Lo que pasa es que se desvía para quienes han vivido y pretenden seguir viviendo del trabajo de los médicos. Hoy podemos demostrar con cifras reales que con el ahorro que se lograría, como se ha logrado ya, al aplicar el control a precios de medicamentos se pueden pagar salarios dignos a médicos internos y residentes. Y con el ahorro de la burocracia alimentada por 78 intermediadores (EPS) financieros del sistema de salud, no solo se pagarían salarios dignos a médicos generales y especialistas y se garantizaría su estabilidad laboral, sino que podría funcionar adecuadamente un sistema de salud apoyado en la estrategia de atención primaria.

Pero para eso se necesita coherencia de parte del gobierno y sus decires y acciones demuestran lo contrario. Así que no hay opción distinta a dirigir y mantener nuestras acciones unificadamente hacia el logro fundamental: el reconocimiento del valor de nuestro trabajo. 

No es posible ceder ante promesas. Hay que lograr acuerdos que se traduzcan en hechos. Y cada paso dado debemos guardarlo como impronta de experiencia y conocimiento en la lucha por hacer valer lo que en justicia nos corresponde.

SERGIO ISAZA VILLA, M. D. – PEDIATRA

PRESIDENTE

FEDERACION MEDICA COLOMBIANA